
Esas cagarrutas y bemoles que aparecen al principio de muchas partituras nos amargan la vida a todos. Nos dejan en evidencia y nos recuerdan que, en el fondo, no tenemos ni idea de cómo se lee eso ni de cómo se entona.
Los que no nos hemos dedicado a la música en serio —que somos la mayoría, porque en esta vida hay otras cosas que atender además de la música— nos quedamos muchas veces parados e impotentes ante ese muro de jeroglíficos.
Bueeeno…
La buena noticia es que a un cantante no tienen por qué complicarle demasiado la vida.
A los que tocan instrumentos en los que las escalas no son transportables, como los instrumentos de viento o el piano, sí: y bastante.
A los que tocan instrumentos con escalas transportables, como la guitarra, algo menos.
Pero a un cantante le bastan un par de trucos de la manga para salir del paso.
Bueno… dos trucos y medio.
Todos los que cantan conocen intuitivamente, más o menos, la escala mayor.
Si le dices a alguien:
“Por favor, cántame: Do – Re – Mi – Fa – Sol – La – Si – Do”
lo más probable es que lo haga bastante bien… o al menos aproximadamente.
Parece casi como si lo lleváramos en los genes. En realidad es simplemente resultado de nuestra cultura musical.
Esta escala suena alegre, despreocupada y confiada en el final, y por eso hay tantas canciones escritas en ella. A la gente de nuestra civilización le gusta más estar alegre que estar triste (aunque no en todas las culturas ocurre lo mismo).
Todos conocemos el refrán:
“Quien canta sus males espanta”.
Y algo de verdad debe de haber en eso.
Si tocáis en un piano únicamente las teclas blancas comenzando por Do, aparece esa escala que desde hace unos pocos siglos se ha convertido en la escala musical por excelencia de nuestra cultura.
Se la conoce como escala mayor natural, o en ciertos ambientes como modo jónico.
Pero probemos otra cosa.
¿Qué pasa si tocamos exactamente las mismas notas, pero empezando en La?
Curioso…
Ya no suena tan optimista.
Tiene algo más melancólico, algo más reflexivo.
No llega a ser un lamento, pero parece decir algo así como:
“Las cosas hay que tomárselas con cierta seriedad”.
Esta escala, (la menor), tampoco es rara en nuestra música. La usamos mucho, precisamente para dar un matiz más introspectivo o serio.
Se conoce como escala menor natural, o modo eólico.
NOTA: La escala mayor jónica estuvo en cierto modo proscrita durante muchos siglos de nuestra cultura por la Iglesia. Se la conocía como «modus lascivus» y se la tenía como relegada solo a fiestas y celebraciones populares. En el Siglo XVII comenzó a emplearse en ambientes más …»cultos», yendo su uso a más. Tal vez Bach tuvo algo que ver con ésto.
Cada civilización ha desarrollado sus propias escalas musicales. En unas culturas han predominado unas y en otras, otras. De alguna manera, esas escalas han influido —y probablemente siguen influyendo— en los sentimientos que las personas de esa cultura se permiten expresar. Incluso puede que hayan influido en la forma de entonar al hablar, y en consecuencia en el curso que siguen las conversaciones y a dónde terminan llevando.
En Occidente heredamos varias escalas de las culturas que nos precedieron, aunque con el tiempo han acabado predominando sobre todo dos: la escala mayor (do–re–mi–fa–sol–la–si) y la escala menor (la–si–do–re–mi–fa–sol). Podríamos llamarlas, simplificando un poco, la alegre y la triste.
Existen muchas más. En la Grecia clásica, por ejemplo, cada región tenía su propia escala, y se hablaba de distintos modos: jónico, frigio, lidio, etc. Pero no nos perdamos ahora por ahí.
Quedémonos con una idea importante: Do mayor y La menor tienen exactamente las mismas notas, solo que empezando desde lugares distintos.
Por eso decimos que La menor es la relativa menor de Do mayor. Y, del mismo modo, Do mayor es la relativa mayor de La menor.
Esto no es casualidad. Entre La y Do hay un intervalo de tono y medio, es decir, tres semitonos:
La – La# – Si – Do
De ahí podemos deducir una regla útil: toda escala mayor tiene su relativa menor tres semitonos por debajo.
Tomad nota de esto, porque nos será útil más adelante.
Ahora bien: ¿qué es lo que hace que una escala suene mayor o menor?
La diferencia fundamental está en la tercera.
Una tercera es simplemente la tercera nota contando desde la tónica. Por ejemplo, si la tónica es Do, la tercera será Mi.
Si ese Mi está a cuatro semitonos del Do, tenemos una escala mayor.
Si bajamos esa tercera medio tono —es decir, si el Mi se convierte en Mi bemol— obtenemos una escala menor.
Probadlo en cualquier piano que tengáis a mano… y si no, podéis hacerlo aquí:
https://mhttps://www.musicca.com/piano.
La diferencia se percibe enseguida.
Y lo cierto es que es una suerte poder manejar ambos tipos de escala. Si se utilizan con cierto gusto, pueden combinarse dentro de una misma pieza. Eso quizá le quite un poco de coherencia estricta, pero también la hace más interesante y más cercana a la vida real.
Porque demasiada tonalidad mayor termina empalagando…
y demasiada tonalidad menor acaba deprimiendo.
Sabiendo usar cada una en su momento, life can be a groove, como dice sabiamente Karrin Allyson.
Pero vayamos al grano, que es el motivo de este post:
¿Cómo podemos usar esos acumulaciones de sostenidos o bemoles que aparecen al principio de una partitura para que nos ayuden a afinar bien?
Una vez que conocemos la tonalidad de una canción —es decir, la nota sobre la que se construye su escala— ya no es demasiado difícil hacernos una idea mental de cómo deben sonar las demás notas. Para un cantante, al final, el trabajo es más de cabeza que de posiciones de dedos, como ocurre con los instrumentos.
TRUCO 1: LOS SOSTENIDOS
A veces queremos cantar una canción en modo mayor, pero no necesariamente desde Do. Puede que otra tonalidad nos venga mejor a la voz, o que los instrumentos que nos acompañan prefieran tocarla ahí. Y tampoco es cuestión de pelearse con los músicos: si se enfadan, se van y nos dejan solos…
Pongamos que queremos cantar la escala mayor desde La (es decir, La mayor).
Intuitivamente no hay problema: nos dan el La, y desde ahí cantamos la escala mayor de toda la vida.
Pero cuando hay que escribirlo aparece el lío.
Las notas ya no serían:
LA – SI – DO – RE – MI – FA – SOL
sino:
LA – SI – DO# – RE – MI – FA# – SOL#
Escribir esos sostenidos cada vez que aparece la nota dejaría la partitura bastante sucia. Así que se inventó una solución muy práctica: anunciarlo al principio.
Basta con poner al comienzo de la partitura que Do, Fa y Sol son sostenidos, y asunto resuelto.
Acabamos de inventar ese armatoste que tantos quebraderos de cabeza ha dado a generaciones de estudiantes de música: la armadura.
Y ahora viene el truco importante.
La tonalidad de la canción está siempre medio tono por encima del último sostenido de la armadura.
Por ejemplo:
Si el último sostenido está en Sol (Sol#), la tonalidad será La mayor.
Si el último sostenido está en Re (Re#), la tonalidad será Mi mayor.
Así de simple.
Una vez sabemos la tonalidad, solo tenemos que imaginar mentalmente la escala mayor desde esa nota, y ya sabemos cómo deben sonar las demás.
Ahora viene la segunda parte del truco.
Recordemos algo que ya hemos visto antes: cada tonalidad mayor tiene una relativa menor.
Por ejemplo:
La mayor → Fa# menor
¿Cómo sabemos cuál de las dos es?
Normalmente basta con observar en qué nota termina la canción, porque muchas melodías suelen acabar en la tónica, la nota que da sensación de reposo.
Juan Cuenca me comentó una vez que prácticamente todas las canciones terminan en la tónica. Y tiene bastante sentido: una canción cuenta una pequeña historia que empieza en un estado de ánimo y, por lo general, termina en ese mismo punto.
Yo le contesté «Bueno… pero puede haber un compositor gamberro que no quiera acabar ahí». Me contestó que sí, que claro que puede haberlo. Siempre puede aparecer quien decida acabar en otro sitio… pero no es lo habitual. (Hace poco hemos cantado una pieza de Bach en que lo hace. La canción está en do, pero termina en Sol)
Otra pista más sencilla:
Si la canción suena alegre, probablemente esté en mayor.
Si suena más melancólica, probablemente esté en menor.
Para los instrumentistas, estas cosas pueden exigir cierto esfuerzo. Un pianista tiene que acostumbrarse a usar distintas teclas negras según la tonalidad. Un flautista o un clarinetista tiene que cambiar la digitación. Imagino que por eso dominar esos instrumentos no es precisamente fácil.
A un guitarrista, en cambio, a veces le basta con mover la mano unos trastes.
Pero un cantante…
Un cantante no tiene por qué preocuparse demasiado de todo eso.
Una vez conocida la tonalidad, basta con seguir la intuición musical… y estar un poco atento a lo que dice la partitura.
(Que tampoco es mucho pedir).

Un pequeño aparte
Los sostenidos en la armadura siempre aparecen en el mismo orden:
FA – DO – SOL – RE – LA – MI – SI
No es mala idea aprenderse esta secuencia.
Para los valencianos incluso hay un pequeño truco mnemotécnico:
“Quan FA DE SOL te RE LA MI SI.”
Esto se conoce también como círculo de quintas. Pero eso… otro día
Ahora vamos con los bemoles. Y aquí tengo buenas noticias: el truco es todavía más sencillo que con los sostenidos.
TRUCO 2: LOS BEMOLES
Si la armadura tiene bemoles solo hay que recordar una cosa:
La tonalidad es la del penúltimo bemol.
Y ya está.
Por ejemplo:
Si la armadura tiene Si♭ y Mi♭, el penúltimo bemol es Si♭, así que la tonalidad será Si♭ mayor.
Si tiene Si♭, Mi♭ y La♭, el penúltimo es Mi♭, así que la tonalidad será Mi♭ mayor.
Así de simple.
Los bemoles también aparecen siempre en el mismo orden, pero es el inverso del que vimos antes para los sostenidos:
SI – MI – LA – RE – SOL – DO – FA
Si os fijáis, son exactamente las mismas notas de antes pero al revés.
Para acordarse podéis usar un pequeño truco mnemotécnico. Por ejemplo:
SIMILARE SODOFA
(Lo admito: no es la palabra más elegante del diccionario… pero funciona).
Hay solo una pequeña excepción.
Cuando solo hay un bemol, no existe “penúltimo”, así que en ese caso la tonalidad es simplemente Fa mayor. ¿Porqué? porque si prolongásemos esa serie de notas, (que se conoce como círculo de cuartas), el Fa quedaría antes del Si.
Y recordemos también lo que vimos antes sobre las relativas menores: cada tonalidad mayor tiene una tonalidad menor asociada tres semitonos por debajo.
Por ejemplo:
Si♭ mayor → Sol menor
Mi♭ mayor → Do menor
La♭ mayor → Fa menor
Re♭ mayor → Si♭ menor
Sol♭ mayor → Mi♭ menor
Do♭ mayor → La♭ menor
Y con esto ya tenemos suficientes herramientas para enfrentarnos a esas armaduras llenas de sostenidos o bemoles que aparecen al principio de muchas partituras.
Puede que al principio sigan pareciendo un pequeño jeroglífico… pero en realidad esconden una información muy útil.
Si sabemos interpretarlas, nos están diciendo exactamente en qué paisaje musical nos vamos a mover.
Y eso, para un cantante, ya es una enorme ayuda para afinar.

